¿Cuánto tiempo hace que colaboras con APOYAT?


Cuando APOYAT surgió y comenzaron a realizar actividades reivindicativas, ya comencé a participar en las convocatorias que promovían, o participar en las convocatorias que promovían, o desde el AMPA del Colegio Público Cervantes, del que era presidenta, también se diseñaron actividades, como charlas, en las que participó APOYAT. También asistí a las jornadas anuales que promocionaba. Pero la verdad es que cuando comenzó de forma continuada mi colaboración, fue hace 8 o 9 años, utilizando terapias alternativas con las personas que se encontraban en la casa de acogida.


¿Ha cambiado mucho la asociación desde entonces? ¿En qué sentido?


Sí, se comenzó siendo primordialmente testimoniales y reivindicativos y se produjo un salto cualitativo, cuando Víctor Guerrero, presidente de la Asociación entonces, recogió el testigo de la necesidad, de la urgencia de dar un paso en el campo asistencial y que dio como fruto el nacimiento de la casa de acogida para drogodependientes.


¿Qué sueles hacer diariamente en la casa? ¿Consideras que es necesario?


Un poco de todo…suelo repartir la medicación, hacer acompañamientos a médicos, o para hacer analíticas o radiografías, o incluso para derivar a algún recurso de reinserción. También hago recados para cubrir las necesidades de la casa y de los chicos/as que la habitan,  así como atender las demandas telefónicas. A veces, colaboro en la cocina, así como en la elaboración de los menús y siempre que se me necesita para apoyar a los profesionales en muchas otras actividades: paseos, terapia de sensaciones, ideando alguna dinámica de grupo, etc. En los fines de semana realizo labores de animadora socio-cultural y, por supuesto, participo en el grupo de trabajo de esta casa, aportando a través de mi percepción, ideas, soluciones y posibilidades.


Claro que la intervención que hago es necesaria, si no, no se podría desarrollar todo lo que se hace con el grupo.


¿Qué te mueve a colaborar con la asociación?


Desde pequeña participé en grupos cristianos de base y conforme evolucionaba comencé a ampliar esa conciencia hacia grupos considerados marginales. También me he dado cuenta con el tiempo, que no sólo soy yo la que doy, sino que igualmente recibo muchísimo con lo que aprender y realizarme.


¿Te ha afectado personalmente tu trabajo con personas que tienen problemas de drogadicción?


Dice un refrán: “donde hay roce, hay cariño”, y de eso se trata, el roce con las personas siempre afecta, unas veces de forma grata y otras de forma desagradable, pero tanto unas s comoo otrsas son ncesarias pora poder cultivarme personalmente.


¿Puedes contarnos algunas experiencias satisfactorias que te hayan ocurrido en este tiempo? ¿Y alguna menos satisfactoria?


La satisfacción de encontrarme con algunos chicos que pasaron por la casa y que ahora se encuentran intentando construir de nuevo su realidad, me emociona profundamente. La vuelta de personas que perciben la necesidad de prondizar, porque algo pendiente se quedó por hacer. Esa cercanía que creamos, me encanta.


Como contrapartida, también existen las personas drogodependientes que sólo consideran que esto es para explotarlo, porque es su derecho y que no respetan a los terapeutas, y están encerrados a todo lo que aportas y que critican continuamente, por norma, cada actividad, cada persona y que intentan considerar la casa, una continuación de la calle y del personaje que representan, y que por su cerrazón interfieren, generando una cierta violencia en el ambiente. Esto me afecta, pero también lo considero un desafío personal.


¿Cambiarías alguna cosa de las que haces o de las que ves cotidianamente? ¿Por qué?


En este momento, quizá no. La casa está evolucionando, no es un programa estático y los cambios, la valoración y la fexibilidad son nuestras premisas. Por tanto, estamos en continuo desarrollo.


¿Cómo crees que va a ser el futuro para los internos una vez que acaban con éxito nuestro programa? ¿Cómo crees que se podría mejorar?


Faltarían más mediadores sociales que pudieran ayudarles a gestionar cursos u otros recursos, públicos y privados. El futuro, en la actualidad, son derivaciones a Comunidades Terapéuticas, a programas ambulatorios, o a sus domicilios. Desde algunas Comunidades Terapéuticas pueden acceder a pisos de reinserción, o a cursos de formación. También hay un piso de reinserción, que funciona independientemente, pero que creemos insuficiente respuesta.


¿Puede darnos alguna idea de cómo podría mejorar la asociación la asistencia a los internos?


Pues como he reflejado antes, una persona que ayude a gestionar, o que ayude a mediar ante los recursos, buscando o estudiando alternativas que se adecuen a cada caso concreto, pues ahora nos resulta un sobreesfuerzo.